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miércoles, 5 de agosto de 2015

Los otros Anónimos (VIII): Alden Van Buskirk



"Fue entonces cuando me convertí en un

escritor celeste, en un aeroplano fuera de control, 
y aquí estoy, enfermo otra vez, en el
remolino de aquel sueño"


"Consumida por el cáncer,
las piernas le resplandecían al morir"



Jazz, psicotrópicos, ciudades de noche. La escritura siempre brillando aunque se escondiera en cualquier suburbio o bar. ¿El Rimbaud de la generación Beat? Alden Van Buskirk murió sin cumplir los veinticinco años y sin ver publicado su primer libro de poemas. Lami, una recopilación de todos sus poemas y textos, acompañados de la letra del mismo Ginsberg, nos enseña la rabia y la dulzura, la luz y la fuerza de un poeta que murió demasiado pronto. 

***

Hace años
descubrí Oakland en Vermont.
Tumbado en la hierba pálida del verano
      hice volar por los aires el nuevo aparcamiento, el almacén
      de cemento que está al otro lado de la calle (¿dentro?).
Dos años antes, la calle principal no era más que una
estrecha franja de alquitrán alabeado & álamos arrancados de raíz,
ahora hay nuevas manzanas,
    edificios,
        industrias,
               mugre.
Imaginé ciudades de cemento del color nuevo del metal &
pude hasta sentir el plástico derritiéndose en las ventanas;
soñé esa ciudad de Oakland a partir de un mapa escolar,
de la química de sus colores,
de las formas de sus peces derretidos &
los rostros vacuos...
            pero nunca imaginé este vacío que hay en mí.


miércoles, 20 de agosto de 2014

Los otros Anónimos (VI): Paloma Palao


 Ya sabéis que Anónimos 2.2 busca a los poetas sin nombre, poetas inéditos que aún no han visto publicado su primer poemario. Poetas a los que nos gusta leer, compartir con vosotros  y hacerlos parte de la gran familia de Anónimos. Esta edición también estamos repasando a Los otros Anónimos, poetas enormes como Emily Dickinson, Arthur Cravan o Lovecraft. Hoy queremos salirnos un poco de lo establecido y presentaros a una poeta que sí publicó y que ganó algún que otro premio importante. Una poeta que pensamos que no está, quizás, lo suficientemente reconocida. Hablamos de Paloma Palao.




Aprendo un camino para tu pestaña: luz
abierta que no se desboca.
Acudo
a la razón: todo niega
la posibilidad de ser de nuevo
carne en la conjunción de tu memoria.
Barro el dolor, porque busco en mi ventana
la nota
que produzca silencio prometido: escribo
sobre un amor, que no llega;
pero no me despeino
en la nostalgia, porque
la fuente me deja su ruido,
promesa de una necesidad
que se intuye. Contra el dolor
yo tengo mi palabra: firme promesa
de resistir.

***

Escribirán mi nombre en un libro
de nombres apretados, y referencia ,
breve harán del tiempo que pasé ",
vivida.
               Tendré, a lo sumo,
quince páginas en una antología.
Algún niño recitará de carrerilla:
Nacida en Madrid en el 44, perteneció
a la generación perdida, no tuvo
guerra a la que le sujetaran,
ni amo, ni dueño, ni posición torcida.
Descubrió su vocación
muy niña, presentándose a todas
las oposiciones convocadas,
a la cátedra vacante del amor, retirándose
la víspera a un rincón, con su perro
-aún no nacido-, a acunar sus arrugas,
a repasar el índice de materias
-nunca demasiado sabidas-: los celos
el dolor, la comida.
                                         No quiso
saber más que de lo suyo. De fe
arraigada en ese punto
muerto de la angustia, no quiso
comulgar con- ruedas de molino,
ni tener hijos con ruedas de molinos...
Hasta que un día... Tuvo el valor
de recogerse el pelo y andar
más deprisa y subirse a la boca
una mentira.
                           Y todo fue ya
póstumo... Desde ese día.

***

miércoles, 6 de agosto de 2014

Los otros Anónimos (V): H. P. Lovecraft



"A través de los sueños sombríos mandan una línea de marcha de forma e indicios y vistas aún más sombríos; ecos de los vacíos exteriores, y claves sutiles para cosas que ellas mismas no pueden definir". 



Criaturas de otros mundos, criptas que se abren, figuras que murmuran en la noche, suburbios y cuervos... Si hay algo que podemos afirmar sobre nuestro invitado de hoy es la manera y la singularidad en sus escritos. La forma en cómo nos tiende la mano y nos invita a embarcarnos al otro lado, a lo impredecible, a sentirnos atraídos por el miedo atroz y la total oscuridad. Sí, hablamos de Providence, un gran escritor casi anónimo en su época, ahora conocido por todos. Hablamos de Howard Phillips Lovecraft.





Persecución 

Llevaba el libro apretado bajo el abrigo,
Escondiéndolo como podía en semejante lugar,
Mientras apretaba el paso por las viejas calles del puerto
Volviendo con recelo la cabeza a cada instante.
Ventanas sombrías y furtivas de tambaleantes casas de ladrillo
Espiaban extrañamente mi paso apresurado,
Y al pensar en la que cobijaban ansié violentamente
Una visión redentora de puro cielo azul.
Nadie me había visto cogerlo… y sin embargo
Una risa hueca seguía resonando en mi aturdida cabeza,
Dejándome adivinar qué mundos nocturnos de maldad
Acechaban en aquel volumen que había codiciado.
El camino se me hacía extraño, los muros demenciales…
Y a mi espalda, en la distancia, se oían pasos invisibles.

***


miércoles, 30 de julio de 2014

Los otros Anónimos (IV): Arthur Cravan




105 kilos y casi 2 metros de largo. Un poeta boxeador disfrazado de soldado viajando por toda Europa a principios de siglo  para esquivar así la mayor cirugía del mundo. Un carrito repleto de los primeros números de la revista Maintenant circulando por las calles de París. Un cuerpo, una multitud. París, Barcelona, Salina Cruz. Mina Loy colgando carteles por toda Sudamérica buscándolo. Sí: hablamos de un autor que ha pasado desapercibido para muchos, un poeta que ha hecho de su vida su mejor obra. 
Hablamos de Arthur Cravan. 



"¿Qué alma se disputará mi cuerpo?"





"Y me tiraba al aire, tobogán chapuzón. 
A cien por hora íbamos y a pesar del rumor, 
Con su encanto el periódico embriaga al fumador. 
Y aunque así el expreso se hubiera  lanzado,
Entrenador que imanta albatros y palomas,
Con ese ritmo loco me había mecido el tren. 
Mis ideas se doraban, era soberbio el trigo, 
Pacían los herbívoros en pillos prados verdes,
Loco por boxear le sonreía a la hierba."


***


miércoles, 23 de julio de 2014

Los otros Anónimos (III): Pedro Casariego Córdoba


Soy el hombre delgado que no flaqueará jamás escribió Pedro Casariego Córdoba.  Y no se equivocaba, pues aunque parte de su obra pasó un poco desapercibida en vida y aún hay algún que otro cuaderno del autor inédito, sus poemas y dibujos laten cada vez con más fuerza entre nosotros. Porque hay poetas que publican y siguen siendo anónimos. Y pensamos que ellos también merecen nuestro homenaje. Pedro Casariego Córdoba, o Pe Cas Cor como él firmaba, fue uno de ellos, un poeta enorme, un hombre delgado que nos dejó constancia con sus poemas de que no flaqueó ni flaqueará jamás.





No va sernos difícil
inventar otra ciudad
teniendo ya un nombre
y un enigma

y unas alas




Nuestras palabras
nos impiden hablar.
Parecía imposible.
Nuestras propias palabras.


"En cierto sentido todas las vidas son una misma cosa,
ya que cada vida es una cuerda.
Pero unas cuerdas sirven para saltar a la comba
y otras para ahorcarse con ellas".


y aquí entre dos calmas
lejos del cementerio
abro un libro de silencios
por la página de tu espalda
y encuentro la palabra alegría
y la palabra alegría lleva acento
y yo se lo quito
y te lo pongo en la nuca


***

miércoles, 16 de julio de 2014

Los otros Anónimos (II): Emily Dickinson

 Más de 800 poemas en 40 volúmenes esperaban impacientes en su habitación tras su muerte.  A estos se sumarían todos los poemas que inundaban su correspondencia. Emily Dickinson, poeta norteamericana, pasó parte de su vida recluida de forma voluntaria  escribiendo, acariciando el papel y la tinta, memorizando nombres de pájaros y plantas, para irse y no saber que pasaría de ser Anónima a poeta inalcanzable.











La belleza me oprime hasta la muerte
belleza ten piedad de mí
pero si muero hoy
que sea contemplándote—



Sólo una migaja

Para remediar nuestras Partes más Sombrías
Se nos dan Horas de Salubridad
Que si no sirven para la Tierra
En silencio se instruyen para el Cielo—

Dios dio un Pan a cada Pájaro—
Pero sólo una Migaja—a Mí—
No me atrevo a comérmela—aunque tenga hambre—
Mi patético lujo—

Tenerlo—tocarlo—
Prueban la hazaña—que hizo mío el Gránulo—
Demasiado feliz—por mi ocasión de Gorrión—
Para Mayor Codicia—

Tal vez haya Escasez—a mi alrededor—
No puedo dejarme una sola Espiga—
Tal Abundancia sonríe sobre mi Mesa—
Que mi Granero resulta colmado—

Me pregunto cómo se sentirán—los Ricos—
Un Conde—Un Marajá—
Creo que Yo—con una sola Migaja—

Soy Soberana de todos ellos—    

***            

miércoles, 9 de julio de 2014

Los otros Anónimos (I): Los poetas de la I Guerra Mundial

Ya os adelantamos que esta edición de Anónimos traería cosas nuevas, como repasar la trayectoria de nuestros Cosmoanónimos. Pero, ¿por qué no dar cabida en nuestro blog a los otros Poetas sin nombre de la historia? Anónimos que escribían y murieron sin saber que sus poemas llegarían a publicarse y a poder ser leídos una y otra vez en papel. A ellos también queremos rendirles homenaje, y sí, nuestra primera entrada trae a dos Anónimos que murieron en el frente que cumple este año su primer centenario: La I Guerra Mundial. Dos poetas que hemos rescatado de la antología Tengo una cita con la muerte. Dos poetas, que como escribe Wilfred Owen, se ocupaban de la guerra y de la pena de la guerra, y aun así podían escribir sobre ello. Patrick Shaw-Stewart y Charles Hamilton Sorley.


Patrick Shaw-Stewart




Tenía 29 años cuando murió en Francia después de negarse a regresar por las heridas sufridas. 


Vi a un hombre esta mañana
   que no quería morir:
me pregunto y no sé 
   si así yo lo quisiera.

Hoy brotó hermoso el día
    sobre los Dardanelos;
sopló la brisa suave, la aurora y sus mejillas
    estaban frías como frías conchas de mar.

Otras conchas esperan
    más allá del Egeo,
metralla y explosivos,
    mío ese infierno y mías esas bombas.

Oh infierno de ciudades y de barcos, 
    infernales los hombres, como yo,
oh fatídica Helena retornada,
    ¿por qué debo seguirte?

Aquiles vino a Troya
    y yo a Chersonese:
él canjeó su ira por la lucha
    y yo canjeé tres días de paz.

¿Fue tan difícil, Aquiles,
   fue tan difícil morir?
Tú lo sabes, yo no 
   - y así estoy más contento-.

Volveré esta mañana
    desde Imbros más allá del ancho mar;
álzate en la trinchera, gran Aquiles,
    envuelto en llamas, y grita por mí.



***



Charles Hamilton Sorley






Poeta escocés. Según Robert Graves, fue junto a otros dos poetas de la contienda, Rosenberg y Owen, “uno de los tres poetas de importancia que murieron durante la guerra.” Hamilton Sorley murió a los 20 años en la batalla de Loos, en 1915.



Cuando veas a millones de los muertos sin boca
marchando por tus sueños en batallones pálidos,
no digas palabras suaves, como ya otros dijeron,
que puedas recordar. No servirá de nada.
No ofrezcas alabanzas. Pues, sordos, ¿cómo iban a saber
que no son maldiciones lanzadas sobre cada cabeza
    herida?
Ni lágrimas. Los ojos ciegos no ven caer las lágrimas.
Ni honor. Es fácil estar muerto.
Di sólo: "Ellos están muertos". Y añade:
"aunque muchos, mejores que ellos, murieron antes".
Entonces, si escudriñando la masa atestada llegaras
a reconocer un rostro hasta entonces amado, 
debes saber que es un espectro. Nadie viste la cara que 
    conocías.
La gran muerte los tiene poseídos para siempre.

***